Los obispos secesionistas visitaron a sus presos en las cárceles

En una entrevista a la agencia Efe, el secretario general de la Conferencia Episcopal Española y obispo auxiliar de Valladolid, Luis Argüello, ha afirmado que le “preocupa” que los obispos catalanes hayan visitado a los “presos políticos”.

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No es para menos, porque esa visita no se ha efectuado para dar cumplimiento a la sexta obra de misericordia corporal: visitar a los presos. Ni mucho menos, sino que deja al descubierto el pedigrí de estos fracasados, que cual miserables independentistas, se hacen incapaces de protestar y gritar contra los negocios sucios pactados en las logias, prefiriendo visitar e identificarse con los que, como ellos, faltan gravemente al cuarto mandamiento odiando a su Patria.

No olvidemos que esos presos están acusados de delitos graves con respecto a la infracción del Estatuto de Autonomía de Cataluña y a la legalidad constitucional. Pero para estos obispos no les es insubstancial la publicidad dada a esta visita entrecomillándola de discreta y al mismo tiempo de comprometida, no es nada prudente y sobre todo muy comprometida con la causa por las que están en prisión.

¡Qué realidad tan humillante y ofensiva para miles de fieles católicos! Ver la cobardía de estos obispos arrugados bajo sus mitras. ¿No se percatan estos miopes prelados españoles de su infame conducta? Tal vez, alguno de estos frustrados metropolitanos, imagine que vivimos en los siglos de las tinieblas donde todo, incluidas las atroces aberraciones, quedaban sepultadas en el silencio, o ¿es que ignoran que deben evitar toda confusión al mezclar la fe con la política?

Por ello no debe sorprendernos que tanto las iglesias como los conventos, colegios y centros parroquiales dieran cabida a las urnas en el acto ilegal del 1 de octubre 2017. Tampoco, que en las fachadas de iglesias y campanarios se cuelguen esteladas, pancartas y lazos amarillo. Y que en “sermones” se tache de ilegítimos y opresores a los tribunales de España. Ahora es posible dar explicación, tras la conducta de estos indeseables, a que las misas en las iglesias de Cataluña se hallan convertido en ceremonias de agitación y en plataformas radicales de la política secesionista, en las que organizan colectas para liberar a los presos golpistas ¡Es increíble y hasta da vergüenza decir que en los altares y púlpitos de Cataluña se les aclame como héroes y víctimas de la odiada España! ¿Hay mayor dispárate? Naturalmente que sí. El que uno de estos obispos, concretamente el de Solsona, Xavier Novell, haya hecho un llamamiento a hacer ayunos políticos y solidarios en solidaridad y apoyo a los presos independentistas en huelga de hambre en la prisión de Lledoners. Ello, en concordancia a su afirmación de que “el derecho a decidir de los pueblos está por encima de la unidad de España”, clara evidencia de que su apoyo al independentismo separa a los fieles, en menosprecio al bien superior que es la Unidad de España.

Claro que, no solo se ha puesto en entredicho este ejemplar jerárquico, sino que también el obispo de Gerona, Francisc Pardo, hace poco tiempo afirmo experimentar “sentimiento de dolor y preocupación por aquellos que se han visto forzados al exilio y por los que están privados de libertad en prisión con unas acusaciones que en gran parte la ciudadanía rechaza”. Hay que ser… de pura cepa, para sentirse preocupado y dolorido por un supuesto e imaginario rechazo inexistente ante unos hechos consumados, y no apreciar tristeza por su seminario que le hace aguas, porque algunas de sus 389 parroquias no tengan párroco ni parroquianos, habiendo tenido que nombrar 41 seglares para que puedan celebrar la Palabra y distribuir la Sagrada Eucaristía  los domingos en diversas poblaciones  en su obispado, el tercero de España, con menos sacerdotes y con la edad más elevada de su media. Amén de que, en sus iglesias jamás se escuche una palabra que no sea en catalán, ni los buenos días, excepto si hay que pedir algo, en este caso ofrecen hojas en varios idiomas. Ponga los pies en tierra, mire y vea la realidad de su diócesis, donde existen poblaciones en las que apenas se celebre misa una vez al mes, y en la que sea imposible encontrar una parroquia en la que el sacerdote celebre con casulla o celebre la misa un domingo por la tarde o esté un cuarto de hora antes para confesar. Un clero, su clero, donde una gran mayoría, con su beneplácito, ha dejado hundir sus parroquias alejándoles de Jesucristo y de la verdadera Iglesia, para acomodarse y predicar el separatismo.

Gerona hoy es el paradigma de una diócesis gobernada desde la sombra por la versión más pura del nacional-progresismo social eclesial, el Fórum Alsina y otros sacerdotes con ideología y tendencia similares, que el obispado ha dejado hacer para no crearse problemas y para vivir en paz y tranquilidad.

No sé cómo no se le cae la cara de vergüenza al obispo de Vic, Roma Casanova, cuando ve al imponente edifico del su seminario convertido en un hotel de 32 habitaciones, un gran aparcamiento, dos gimnasios, una cafetería/restaurante y un centro de formación de cocineros, sin ningún uso confesional. Pero eso no tiene importancia, lo importante es visitar a los golpistas encarcelados, apoyar el separatismo catalán e incluso cesar al Párroco de San Vicente por permitir tocar el Himno Nacional en Semana Santa.

En cuando al Presidente de la Tarraconense, Jaume Pujol, al que tanto le preocupa el separatismo acudiendo frecuentemente Monserrat para pedir a la Patrona de Cataluña “que ilumine al pueblo catalán para que encuentre el camino de la afirmación nacional”, más le valiera inquietarse por la convivencia de los files y hacerse luz de paz y reconciliación para el pueblo catalán. Mucho practicar la política correcta, visitar delincuentes y colgar esteladas, al tiempo que deja correr la sangre en el Hospital de Sant Pau y Santa Tecla de Tarragona con miles de abortos y reparto de píldoras anticonceptivas. Déjense de frases altisonantes y proclamen el Evangelio de la Vida aplicándolo con valentía. Y si se le acaba el buen rollo con la Generalitat y el Ayuntamiento que se termine, pero tenga un hospital donde se respete la vida del ser humano en todos los casos.

Estos insignes prelados se sienten más realizados con quienes lucen un lazo amarillo, que tristes y apenados por su colaboración expresa en la condenación de tantas almas abandonadas. ¡Vaya pájaros! Y luego se quejarán, que las iglesias de Cataluña vayan quedando desiertas.

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